Con tu cobijo mi alma no está fría,
Pues aprendió contigo lo bello:
A brillar tanto como luz del día.
Sigue muy vivo hoy día tu destello,
Ya sé quién desde el cielo me acuna,
Impregnando mi vida con su sello.
Conocerte fue la mejor fortuna,
Mi vida fue todo lo que me diste,
Te fuiste de manera inoportuna.
Poco disfrutaste y muy poco viste,
La ansiedad fuerte me cabalga y trota
Por no poder contarte que ando triste.
Tan triste y tan solo como una sota,
Tu voz no la olvidaron mis oídos,
Bebo de tus recuerdos, gota a gota.
¡Cuánto echo de menos tus ronquidos!
Tu intelecto como de gran magnate,
Los ataúdes y entierros plañidos.
Recuerdo tu uniforme y algún debate,
Rodeado de amigos, el que oye y calla,
Por defender a otro iba tu combate.
Usando tus ideas como metralla,
Las parábolas eran tu argumento,
Sin muertos en el campo de batalla.
Por eso que hoy te erijo un monumento,
Porque maldita sea la hora maldita,
Que el cielo me privó de tu talento.
Mi cabeza te piensa y te medita,
Te vivo como nunca a cada aurora,
Tu recuerdo me trae paz infinita.
Como padre tus horas vencedoras
Se contaron sin ninguna reserva,
Es por ello que el cielo es lo que moras.
Amabas la uva, el campo, los toros,
La familia y la vid con toda el alma,
La legalidad por todos tus poros.
Disfrutabas como nadie la calma,
Esa playa con su mar nunca muerto,
Tus amigos se llevaban la palma.
Que sepas que no sembraste en desierto,
Que tus hijos fueron tus obras cumbre,
Y tus nietos son tu mejor acierto.
Te veo encendiendo alguna buena lumbre,
Afeitando tu barba en una zafa,
Como era al amanecer tu costumbre.
Te veo bebiendo el vino de garrafa,
Enfundarte tu uniforme y correaje,
Persiguiendo al quite de alguna estafa.
La tumba que te viste ¡qué coraje!,
Tan fría, gélida y tan enemiga,
Te enluta muy sobrio tu carruaje.
Mi dolor con el tiempo no mitiga,
Porque te tengo en mis días presente,
Como el gran sol que bien dora la espiga.
Quiero ir con mi vida de ti pendiente,
Porque tus recuerdos son más preciados,
Que un regalo de los Reyes de Oriente.
Papa, me despido con hasta luego,
Viejo, ¡qué malo que te fuiste pronto!
En mi alma te llevo tatuado a fuego.
Con este corazón aceitunero,
Estoy seguro de que me remonto,
Dile a mama lo mucho que la quiero,
Que con entereza todo esto afronto.
Calella, 22/06/15 – 21:46